Errar es genial

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Cuando somos niños, comenzamos a experimentar, y nos dejan hacerlo jugando.
¿Y qué es aquello que hace que sea un juego? El que no haya nada que perder.

El hecho de que estamos aprendiendo, de que no seremos juzgados por un resultado, sino que somos estimulados a atravesar la experiencia de jugar, de probar, de sentir, de pensar y de equivocarnos.

Cuando somos niños el equivocarse, hasta incluso está bien y es celebrado. Nadie nos ha dicho que nuestro dibujo de palitos estaba mal o era feo; todo estaba perfecto, todo estaba permitido.

En mi memoria, salto de ese estadío fantástico de libertad absoluta, a mi uniforme de colegio; a la norma, a pertenecer a algo mayor en donde todos somos iguales, a seguir reglas y normas, a  no dibujar por fuera de la línea o atreverme a que las copas de los árboles eran violetas. ¡De repente, eso estaría mal! Y el hecho de que aquello que yo hubiera hecho estuviera mal, se traducía en un fracaso, en culpa, en una huella en mi autoestima y en el comienzo de esa gran mirada del otro; de la aprobación del otro, de su consentimiento y evaluación.

¿Y qué si mis árboles eran violetas? Lo importante hubiera sido quitarse la duda de que los vea verdes; pero luego, yo podía darles en mi dibujo el color que quisiera, o no? ¿Estaría mal entonces? Entendería que mi árbol violeta no es un error, sino una interpretación, o un estado de ánimo. Dejaría de ser fracaso.

Hay días en que decimos,

Hoy me sale todo mal

Habrá cosas fuera de nuestro control que no salieron como esperábamos, pero en todo caso; ¨Hoy hice lo mejor que pude, mañana tal vez pueda hacerlo mejor¨. Y no significa que hago las cosas mal, que SOY un error, sino que hoy, tal vez, no he alcanzado mis expectativas; pero no se traduce en que YO hice las cosas mal. Nos decimos palabras muy hirientes muchas veces, y siquiera nos damos cuenta. Somos los primeros en juzgarnos y en aceptar los errores ajenos, pero nunca los nuestros.

Le enseñamos a nuestros hijos, sobrinos, alumnos; que el error es parte del proceso; pero no nos permitimos fallar. ¨Nadie nace sabiendo¨. Un cliché, no? Pero super verdadero. Deberíamos de dejar el ¨Keep Calm and…¨ y comenzar a adoptar con más amor este tipo de clichés.

 


YO TAMBIÉN TUVE ERRORES

 

– En un taller les hice pegar primero el capitel y luego el señalador. Tuvieron que despegar todo y volverlo a hacer, porque el orden es inverso.

– He perdido plata por calcular mal un presupuesto. Más de una vez.

– Me olvidé de poner pegamento a  una parte importante del cuaderno. Resultado: las hojas sobresalían las tapas.

– Refilé fuera de escuadra muchas veces.

– Escribí posteos con faltas de ortografía.

– Calculé mal las sillas, y tuve que caminar cuadras con banquetas prestadas para un taller.

– Me he olvidado de pagar cosas importantes; como el monotributo.

 

Podría seguir escribiendo muchos de mis errores, o fracasos. Los tengo, son los míos, y me llevaron hasta aquí. Es como arrepentirse de una ex pareja. Yo nunca lo hago, no le quitaría un solo instante a mi tiempo con otras personas; porque esos momentos me llevaron al lugar en donde estoy hoy; por qué? Porque me enseñaron quién era, y quién no era; lo que deseaba y lo que ya no.

Buscando quién soy, llegué a donde estoy hoy, pero sin quedarme quiera, continúo… equivocándome también.

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